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UNIVERSIDAD AUTONOMA DEL ESTADO DE MÉXICO

FACULTAD DE CIENCIAS POLÍTICAS Y SOCIALES

PROGRAMA EDUCATIVO: Ciencias Políticas y Administración Pública

UNIDAD DE APRENDIZAJE: Política Comparada (Disciplinaria Obligatoria)

LA POLÍTICA COMPARADA: SU MÉTODO Y SU APLICACIÓN

RESPONSABLES DE LA ELABORACIÓN:

Mtra. Laura Elizabeth Benhumea González


Introducción

El presente material pretende facilitar al estudiante el acceso a los contenidos expuestos en clase para su reforzamiento. Así mismo, recomendar lecturas que refuerzan el proceso de adquisición del conocimiento y allegar información general del desarrollo del curso como el programa de estudio, la bibliografía de lectura obligatoria y recomendada, la escala evaluativa, entre otros recursos.

Adicionalmente este material, permite a los estudiantes que lo consultan, observar noticias y videos relacionados con el tema, leer ponencias y trabajos publicados en internet sobre la temática tratada y conocer noticias o comunicados de los profesores de la unidad de aprendiza

La información contenida en este recurso, pretende coadyuvar al cumplimiento de los objetivos planteados en el programa de estudio de la unidad de aprendizaje que en términos generales enuncian: "Analizar los diferentes enfoques teóricos utilizados en el estudio comparado de los fenómenos políticos y los principales problemas metodológicos que enfrenta esta subdisciplina de la ciencia política, con el propósito de adquirir una herrmienta útil en el control de las generalizaciones.

Este recurso informático y académico, permite además que el alumno desarrolle algunos tipos de habilidades como lo son la búsqueda de información, el análisis de información, la elaboración de reportes y opiniones de acuerdo a criterios establecidos, resolver eámenes vía electrónica, entre otras.

Como complemento al presente, se cuenta con un blog de participación activa de los alumnos, en donde publican trabajos solicitados y sus comentarios respecto al desarrollo del curso.

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Política Comparada (Aproximación al concepto)

La Política comparada es un subcampo de la Ciencia Política, caracterizada por una aproximación empírica basada en el método comparativo.

De hecho, la política comparada no tiene un foco sustantivo en sí misma, sino más bien uno metodológico: se enfoca en el cómo, pero no especifica el qué del análisis.[1]

La política comparada no está definida por el objeto que estudia, sino más bien por el método que aplica al estudio de fenómenos políticos. Cuando se aplica a campos específicos de estudio, la política comparada puede tomar otros nombres, como por ejemplo Gobierno comparativo (el estudio comparativo de formas de gobierno) o Política exterior comparada (que compara la política exterior de diferentes estados para establecer conexiones empíricas generales entre las características del Estado y las características de su política exterior).

El Método Comparativo

Junto con el método empírico, el método estadístico y el estudio de caso, el método comparativo es uno de los métodos científicos fundamentales que puede ser usado para probar la validez de proposiciones empíricas generale, esto es, para establecer relaciones empíricas entre dos o más variables mientras todas las otras variables se mantienen constantes.

En particular, el método comparativo es generalmente usado cuando ni el método experimental ni el estadístico pueden ser empleados: por un lado, solo raramente pueden ser conducidos experimentos en ciencia política ; por otra parte, el método estadístico implica la manipulación matemática de datos cuantitativos sobre un gran número de casos, mientras que la investigación políticas algunas veces debe ser conducida analizando el comportamiento de variables cualitativas en un pequeño número de casos.

La aproximación de estudio de caso no puede ser considerada un método científico de acuerdo a la definición anterior; sin embargo, puede ser usado para ganar conocimiento sobre casos singulares, los mismos que pueden ser puestos en comparación de acuerdo al método comparativo.


Método comparativo

http://www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/M/metodocomparativo_b.htm

De: Iván Llamazares Valdueco

Una de las peculiaridades más importantes de las ciencias sociales consiste en la imposibilidad de resolver experimentalmente los problemas más importantes planteados en esta área de conocimiento (Nohlen, 1988).

Esta característica, hace imprescindible el recurso los métodos estadístico y comparativo. El método estadístico, en el cual las relaciones entre los distintos elementos considerados intentan ser definidas con precisión cuantitativa, presenta dificultades considerables a la hora de ser aplicado a ciertos objetos de estudio. Esto es así debido fundamentalmente a que los problemas estudiados por las ciencias sociales se caracterizan a menudo por la escasez del número de casos y por lo elevado del número de variables intervinientes (Lijphart, 1971).

En particular, los fenómenos políticos para los cuales los Estados-nacionales son las unidades básicas de análisis dificultan, aunque no imposibilitan, la utilización de análisis estadísticos. Además, en numerosos estudios, a la difícil operacionalización de ciertas variables y a su número elevado hay que añadir el hecho de que éstas actúan de formas diferentes dependiendo de la presencia o ausencia de otros elementos contextuales. De ahí que el método estadístico confronte dificultades especiales en el análisis de los fenómenos políticos. Por ello a menudo resulta imprescindible recurrir al método comparativo para sopesar la influencia de unos y otros factores sobre los que se considera variable dependiente.

Desde una perspectiva "positivista" se ha considerado que la finalidad del análisis comparativo consiste en la producción de generalizaciones de orden causal referidas a las relaciones entre las variables observadas en el marco de la investigación. Las comparaciones son diseñadas a fin de evaluar el carácter de tales relaciones causales. Por tanto, las comparaciones pueden dar lugar a la comprobación temporal o a la refutación de generalizaciones de orden causal.

Se comprende igualmente que el diseño de este tipo de investigación esté motivado por la definición de problemas específicos: como se relacionan unas y otras variables cuando las variables de control se mantienen constantes.
La debilidad de esta aproximación al análisis comparativo se basa, en primer lugar, en las limitaciones de las generalizaciones de orden causal en las ciencias sociales. La dificultad de establecer de generalizaciones válidas de este tipo en las ciencias sociales ha sido subrayada en numerosas ocasiones, y se relaciona básicamente con la centralidad de los aspectos cognitivos en las interacciones humanas.

Tal centralidad ha sido subrayada en las reflexiones que sobre las ciencias sociales han realizado autores con perspectivas tan diversas como Karl Popper y Alasdair MacIntyre. La misma tiene que ver con los caracteres estratégicos de las interacciones humanas analizados por la teoría de juegos, y con lo que Popper ha denominado la influencia del "universo de los significados abstractos" (promesas, demostraciones, mitos, etc.) en la vida social (Popper, 1972: 230; MacIntyre, 1984: 88-108).

A causa de tales factores, la revisión de las concomitancias y diferencias con que se presentan determinados fenómenos políticos sólo proporcionará información valiosa sobre las conexiones causales existentes entre estos últimos en el caso de que integre los factores intelectivos que condicionan la acción social. Por estos motivos, un análisis satisfactorio de las realidades políticas no puede agotarse en los vínculos denotados por la expresión a causa de, y exige plantear los fenómenos políticos en los términos definidos por la expresión a fin de (Bernstein, 1976: 152-167). Este hecho limita claramente las posibilidades de encontrar conexiones regulares y necesarias entre los fenómenos políticos.

Y se comprende que sea así, si se tiene en cuenta que las respuestas de individuos y actores sociales ante situaciones aparentemente similares variarán muy significativamente. De hecho, la misma enunciación de generalizaciones sobre los fenómenos sociales permitirá a los actores que sean conscientes de las mismas modificar inmediatamente su comportamiento y, por tanto, eliminar, restringir o reforzar la validez de tales generalizaciones (MacIntyre, 1984: 88-108).

Por otra parte, como han señalado distintos autores (Weber, 1990; Ragin, 1987), un fin presente en cualquier investigación desarrollada en esta disciplina consiste en la explicación de fenómenos específicos, de las causas por las que estos últimos tuvieron unas y no otras características. Por ejemplo, no sólo nos interesa establecer si existe una relación de carácter general entre determinados aspectos de la estructura social y los regímenes políticos imperantes en cada sociedad, sino también averiguar por qué ciertas sociedades específicas tienen o han tenido unos regímenes y no otros, así como entender las características singulares de las acontecimientos políticos que han tenido lugar en las mismas.

El análisis comparativo de todos los casos pertinentes (aquellos en los que están presentes los factores causales que se consideran relevantes y/o los tipos de proceso o resultado político que se pretende explicar) resulta imprescindible para establecer inferencias causales de carácter general y para facilitar la comprensión de los casos específicos analizados. Sin embargo, por diversos motivos, algunos de ellos característicos de toda práctica científica (Hempel, 1960) y otros propios exclusivamente de las ciencias sociales (ver arriba), es a menudo imposible predecir el desarrollo de acontecimientos y procesos políticos específicos a partir de leyes causales de rango universal. Puesto que nuestra disposición a comprender los hechos sociales se orienta en buena medida hacia acontecimientos, objetos y procesos singulares por los que sentimos un interés especial, es claro que, en el ámbito de las ciencias sociales, la actividad investigadora no puede limitarse a la producción de normas generales y pretendidament universales.

Por estos motivos, más que como un mecanismo destinado a la producción de normas causales de vocación universal, parece conveniente concebir la comparación como un proceso orientado a la explicación de fenómenos y procesos específicos a partir del conocimiento de la existencia de vínculos (probables, más que necesarios) entre los distintos factores relevantes que configuran los fenómenos políticos. A diferencia de los análisis históricos clásicos, un análisis comparado de las características antes mencionadas se interesará por trazar vínculos generales entre los distintos fenómenos políticos a partir del análisis de los casos relevantes para nuestra investigación y a la luz de los argumentos teóricos más sólidos y coherentes con los casos analizados. Es mediante la explicitación de tales vínculos generales que los caracteres de los procesos políticos singulares que interesan a los investigadores se hacen inteligibles. Al mismo tiempo, esos mismos vínculos generales sirven para definir las aristas singulares de cada proceso político específico. En este punto confluyen las dimensiones explicativas e interpretativas del análisis de los fenómenos políticos.

En este sentido, el uso de este método en las ciencias sociales no está subordinado al propósito último de establecer generalizaciones causales de rango pretendidamente universal. Más bien, el método comparativo puede servir al fin de esclarecer procesos históricos singulares a partir de la comprobación de ciertas conexiones probables entre determinados fenómenos políticos. Es por estos motivos que la aplicación de este método de análisis debe asentarse en una comprensión crítica del estudio de la sociedad, una comprensión que eluda tanto la reificación idealista de las categorías espirituales como los riesgos inherentes a una visión puramente objetivista de los fenómenos políticos (Habermas, 1988: 20-21).

Estrategias comparativas

Varias estrategias diferentes pueden ser usadas en la investigación comparativa.

El método de la diferencia de Mill: Consiste en comparar varios casos similares que solo difieren en la variable dependiente, asumiendo que esto hará más fácil encontrar aquellas variables independientes que explican la presencia o ausencia de la variable dependiente.

El método de semejanza de Mill: Consiste en comparar varios casos diferentes, todos los cuales tienen en común la misma variable dependiente, por lo que cualquier otra circunstancia que esté presente en todos los casos pueden ser considerada como la variable independiente.

Enfoques teóricos fundamentales


eL Enfoque sistémico
El enfoque sistémico es la aplicación de la teoría general de los sistemas en cualquier disciplina.
En un sentido amplio, la teoría general de los sistemas se presenta como una forma sistemática y científica de aproximación y representación de la realidad y, al mismo tiempo, como una orientación hacia una práctica estimulante para formas de trabajo interdisciplinarias.

En tanto paradigma científico, la teoría general de los sistemas se caracteriza por su perspectiva holística (pugna por la concepción de cada realidad como un todo distinto de la suma de las partes que lo componen) e integradora, en donde lo importante son las relaciones y los conjuntos que a partir de ellas emergen.

Los objetivos originales de la teoría general de sistemas son las siguientes:
· Impulsar el desarrollo de una terminología general que permita describir las características, funciones y comportamientos sistémicos.

· Desarrollar un conjunto de leyes aplicables a todos estos comportamientos y,

· Promover una formalización (matemática) de estas leyes.


La primera formulación en tal sentido es atribuible al biólogo Ludwing von Bertalanffy en 1936, para él la teoría general de sistemas debería constituirse en un mecanismo de integración entre las ciencias naturales y sociales. Esta teoría surge en respuesta al agotamiento e inaplicabilidad de los enfoques analítico – reduccionista y sus principios mecánico – causales.

El principio en que se basa esta teoría es la noción de totalidad orgánica, mientras que el paradigma anterior estaba fundado en una imagen inorgánica del mundo.

Los conceptos propuestos por Bertalanffy pueden ser resumidos en que existen modelos, principios y leyes que pueden ser generalizados a través de varios sistemas, sus componentes y las relaciones entre ellos.

La integración y la separación representan dos aspectos fundamentalmente diferentes de la misma realidad, en el momento en que se rompe el todo se pierde alguna de sus propiedades vitales.

En las definiciones más corrientes se identifican los sistemas como conjuntos de elementos que guardan estrechas relaciones entre sí, que mantienen al sistema directo o indirectamente unido de modo más o menos estable y cuyo comportamiento global persigue, normalmente, algún tipo de objetivo. Esas definiciones se concentran fuertemente en procesos sistémicos internos; deben necesariamente, ser complementadas con una concepción de sistemas abiertos, en donde queda establecida como condición para la continuidad sistémica el establecimiento de un flujo de relaciones con el ambiente.

· Las perspectivas de sistemas en donde las distinciones conceptuales se concentran en una relación entre el todo (sistema) y sus partes (elementos).

· Las perspectivas de sistemas en donde las distinciones conceptuales se concentran en los procesos de frontera (sistemas / ambiente).

En el primer caso, la cualidad esencial de un sistema está dada por la interdependencia de las partes que lo integran y el orden que subyace a tal interdependencia.

En el segundo, lo central son las corrientes de entradas y salidas mediante las cuales se establece una relación entre el sistema y su ambiente. Ambos Enfoques son ciertamente complementarios.

La teoría general de los sistemas comprende un conjunto de enfoques que difieren de estilo y propósito, entre las cuales se encuentran la teoría de conjuntos (Mesarovic), teoría de las redes (Rapoport), cibernética (Wiener), teoría de la información (Shannon y Weaver), teoría de los autómatas (Turing), teoría de los juegos (von Neumannn), entre otras.

Por eso, la práctica del análisis aplicado de sistemas tiene que aplicar diversos modelos, de acuerdo con la naturaleza del caso y con criterios operacionales, aun cuando algunos conceptos, modelos y principios de la teoría general de sistemas –como el orden jerárquico, la diferenciación progresiva, la retroalimentación, entre otras– son aplicables a grandes rasgos a sistemas materiales, psicológicos y socioculturales.

Las características que pueden ser aplicables a cualquier sistema son:
· La interrelación de sus componentes (relación entre las partes y el todo).
· Los sistemas están ordenados en una jerarquía.
· Las partes de un sistema no son iguales al todo.
· Los límites de los sistemas son artificiales.
· Los sistemas pueden ser abiertos o cerrados – según la influencia con el ambiente.
· Cada sistema tiene entradas, procesos, salidas y ciclos de retroalimentación.
· Las fuerzas dentro de un sistema tienden a ser contrarias entre ellas (feedback) para mantener el equilibrio
· Entropía (desorden dentro de un sistema).

Al buscar una relación entre la teoría organizacional con la teoría de sistemas se proponen los siguientes tipos de sistemas: racional, natural y abierto. Los dos primeros, el racional y el natural tienden a ver la organización como sistemas cerrados, esto es, separados del ambiente, en contraste, el sistema abierto ve a la organización receptiva y dependiente del ambiente, hay una conexión entre los componentes internos y externos.

EASTON, David "Categorías para el análisis sistémico de la política" en Diez textos básicos de Ciencia Política, Ariel, Barcelona, 1992, pp. 221-230.

El conductismo
Conductismo viene a ser la filosofía de la ciencia de la conducta, ocupada de esclarecer problemas tales como: ¿Es posible tal ciencia? ¿Puede explicar cualquier aspecto del comportamiento humano? ¿Qué métodos puede emplear? ¿Cuán válidas pueden ser sus leyes comparadas con las de otras ciencias "duras"? ¿Generará tecnología? y, ¿Cuál será su papel en los asuntos humanos?
J. R. Kantor define el conductismo como "una renuncia a las doctrinas del alma, la mente y la consciencia", para ocuparse del "estudio de los organismos en interacción con sus ambientes". En términos más amplios, lo considera como equivalente al término "ciencia" dado que se ocupa de la naturaleza a partir del "principio del comportamiento".
Teoría Conductista.
  • El conocimiento consiste en una conducta pasiva
  • Es una teoría asociacionista, que implica que el conocimiento del ser humano se compone solamente de impresiones e ideas. Ambientalista porque influye considerablemente en el aprendizaje de la persona. Reduccionista porque no reconoce los procesos mentales del pensamiento.
  • También tiene su base en las corrientes filosóficas: empirismo, positivismo, pragmatismo y evolucionismo.
  • Para el conductismo el aprendizaje es un cambio relativamente permanentemente de la conducta que se logra mediante la práctica y en una interacción reciproca de los individuos y su ambiente.
  • El conductismo considera al ser humano como un ser pasivo carente de identidad y de intenciones. Lo compara con una máquina.
El conductismo se basa en explicar la conducta política, fundamentalmente electoral, mediante la búsqueda del algoritmo que permita caracterizar los alineamientos y la conducta del electorado.

Los teóricos del conductismo proponían huir de la interpretación de los hechos políticos a partir de la legislación, las estructuras formales y de las consecuencias de ambas en la realidad, es decir, del institucionalismo clásico. Los cultivadores de los enfoques positivistas abrazaron el método científico de las ciencias sociales y antepusieron el individualismo metodológico como forma de escudriñar la política. Son los individuos y no las estructuras quienes tienen la llave para explicar los acontecimientos. En este tema se tratan las características del conductismo, que se contraponen al institucionalismo clásico.

GURR, Thodor, Why men rebel? Princeton University Press, Princeton, 1970.
MONTERO, José Ramón Montero, "Sobre las preferencias electorales en España: fragmentación y polarización (1977-1993)" en Pilar del Castillo (Ed.) Comportamiento político y electoral, CIS, Madrid, 1994, pp. 51-124, 1994.
SANI, Giacomo Los desplazamientos del electorado: anatomía del cambio" en J. Linz y J.R. Montero Crisis y cambio: electores y partidos en la España de los años ochenta, CEC, Madrid, 1986.

Desarrollo político y condiciones económicas

Definición:
El desarrollo político como fenómeno de estudio puede ser abordado desde distintos puntos de vistas, desde el clásico estudio de Lipset en que discute sobre la necesidad de un desarrollo económico como condición necesaria para cual otro tipo de desarrollo, hasta lo planteado más recientemente por Bill y Hardgrave que ven el desarrollo político como la transformación continua de las instituciones.

Se pueden distinguir, por lo menos, cinco enfoques para entender el desarrollo político.


I. Modernización política. Los principales exponentes de este enfoque son Almond y Verba, que a través de sus estudios sobre la cultura política llegan a la conclusión que el desarrollo político se logra con una cultura política participativa donde las instituciones deben representar a los intereses ciudadanos. En términos más analíticos el desarrollo político se expresa en distintas etapas, primero la construcción del Estado, luego la ampliación del compromiso y lealtad hacia ese estado, tercer, la ampliación de la participación y, por último, la expansión y la redistribución de recursos.


II. Institucionalización Política: Según Huntington, la institucionalización política es el proceso por el cual adquieren valor y estabilidad las organizaciones y procedimientos políticos de acuerdo a tres pares de criterios: adaptabilidad – rigidez, complejidad- simplicidad, autonomía – subordinación. Las organizaciones y procedimientos políticos que se desarrollen de acuerdo a los primeros términos de los binomios serán instituciones, por lo cual el desarrollo político se produce cuando el proceso político se encamina en la dirección del primer término de cada par.

Es entonces la existencia de instituciones políticas capaces de dar contenido a los intereses públicos lo que distingue a las sociedades políticamente desarrolladas de las subdesarrolladas

III. Construcción de la democracia: Según Pye, una forma de entender el desarrollo político es como un proceso de imitación de las estructuras y procedimientos de las democracias industriales de Occidente.


IV. Cambio (transformación) continua: De acuerdo a Bill y Hardgrave el desarrollo de todo sistema político depende de la relación entre institucionalización política y participación política, al aumentar la participación la capacidad de las instituciones políticas debe incrementarse para lograr dar estabilidad, este proceso de cambio o adaptación continua es el desarrollo político.


V. Modernización más institucionalización política: Para Jaguaribe el desarrollo político como la suma de las dos interpretaciones señaladas, para esto señala que existen tres variables del desarrollo político: a) Eficacia del sistema político como subsistema de social, b) aporte del sistema político al desarrollo social, es decir, la utilización de medios políticos para el desarrollo de la sociedad y c) desarrollo de la receptividad del sistema político a través del desarrollo del consenso político, de mayor representatividad y legitimidad social.

Referencia: Almond, Gabriel. “La cultura política” en “Diez textos básicos de ciencia política” Editorial Ariel, Barcelona 1992. Carnero Arbat, Teresa (compilador). “Modernización, desarrollo político y cambio social”. Alianza editores Madrid 1992.
LIPSET, Seymour M. "Algunos requisitos sociales de la democracia: desarrollo económico y legitimidad política" en Diez textos básicos de ciencia política, Ariel, Barcelona, 1992, pp. 113-150.
MARAVALL, José Mª Los resultados de la democracia, Alianza, Madrid, 13-60 y 105-168. Barcelona, 1995, pp. 77-92.
MOORE, Barrington: Los orígenes sociales de la dictadura y la democracia, Ed Peninsula, Barcelona, 1976.
PRZEWORSKI, Adam y otros "Las condiciones económicas e institucionales de la durabilidad de las democracias", en La Política, nº 2, págs. 89-108.

El neoinstitucionalismo
El neoinstitucionalismo al igual que el institucionalismo le concede una importancia central a las instituciones y estructuras, junto a ello a las reglas, procedimientos, organizaciones y los diferentes componentes que forman un sistema político, los cuales tienen influencia en las relaciones, conductas, comportamiento, estabilidad e inestabilidad de los gobiernos y de la existencia y reproducción del sistema social (March & Olsen, 2005).
La conceptualización de instituciones por parte de Hodgson (2003) permite tener presente la dimensión amplia que estas tienen en la actualidad. Por una parte, determinan o inciden en la articulación de las actividades de las personas y de la sociedad en su conjunto. Por otra parte, a nivel individual tienen una fuerte incidencia al definir lo “apropiado” dentro de un grupo social a través de los signos y significados creados en un marco de referencia social:
Se considera a las instituciones en cuanto en parte imponen forma y coherencia social a la actividad humana mediante la continua producción y reproducción de hábitos de pensamiento y acción. Esto implica la creación y la propagación de modelos conceptuales y signos y significados aprendidos. Se entiende a las instituciones como parte crucial de los procesos cognitivos, por medio de las cuales los agentes perciben los datos sensibles y los hacen significativos. (Hodgson, 2003: 908).
El neo-institucionalismo histórico. La idea subyacente a este enfoque es que las elecciones realizadas cuando se diseña una institución o cuando se inicia una política tendrán una influencia duradera sobre esa política o institución. Las instituciones, se dice, siguen una ‘lógica de la secuencia o de la dependencia: los pasos dados en un momento dado determinan los pasos futuros.

El neo-institucionalismo normativo
Este enfoque se basa en la centralidad de los valores y las normas (formales e informales) para explicar el comportamiento de las organizaciones y sus actores. En este caso, los actores no actúan conforme a tendencias históricas o a pasos dados en momentos determinados. La ‘lógica de lo apropiado’, lo que se adapta mejor a los valores y lo ‘normal’ en una institución es el motor de la acción y del cambio sobre las instituciones.

El neo-institucionalismo racional
El enfoque de la elección racional también parte básicamente del individualismo metodológico y se nutre de la ciencia económica desde el punto de vista epistemológico. Este enfoque pretende explicar los fenómenos políticos a partir de los intereses individuales que se expresan mediante elecciones racionales. Al igual que el conductismo, el enfoque de la elección racional supone un rechazo del institucionalismo por cuanto que las instituciones constituyen obstáculos para el desarrollo de los actores, salvo en los enfoques de los autores que combinan la elección racional con las instituciones, objeto preferente de este tema. En este enfoque se sigue la ‘lógica de las consecuencia’. Los individuos racionales actúan en función de la maximización de los resultados de sus acciones, es decir, de las consecuencias de sus acciones.
LIJPHART, Arend Sistemas electorales y sistemas de partidos, Centros de Estudios Constitucionales, Madrid, 1995, pp. 41-128.
LINZ, Juan y VALENZUELA, Arturo La crisis del presidencialismo. 1. Perspectivas comparativas, Alianza, Madrid, 1997.
MAINWARING, Scott y SCULLY, Timothy Building democratic institutions. Party Systems in Latin America, Stanford University Press, Stanford, 1995, pp.1-36.

Las teorías de la elección racional
La teoría de la elección racional es un enfoque teórico usado en ciencias políticas que interpreta los fenómenos políticos a partir de supuestos básicos que derivan de principios de la economía: el comportamiento de los individuos en el sistema político es similar al de los agentes en el mercado, siempre tienden a maximizar su utilidad o beneficio y tienden a reducir los costos o riesgos. Los individuos prefieren más de lo bueno y menos de lo que les cause mal. Esta racionalidad tiene que ver con una cierta intuición que lleva a los individuos a optimizar y mejorar sus condiciones.
El actor individual es la unidad de análisis de esta teoría. Se asume que todo individuo se guía por su interés personal, por tanto, todos los individuos son egoístas; y todo individuo tiene la capacidad racional, el tiempo y la independencia emocional necesarias para elegir la mejor línea de conducta, independientemente de la complejidad de la elección que deba tomar. Esto no implica necesariamente que estos supuestos sean ciertos, es decir, que los individuos reales se comporten de esa manera. Pero se supone que podemos explicar el comportamiento observado en un agregado, como un mercado, si suponemos que así es, tal y como defienden Gary S. Becker o Milton Friedman.
Esta corriente también tiene su origen en la sociología comprensiva de Max Weber. Para este autor, el estudio de la sociedad exige la construcción de "tipos ideales", es decir, unos modelos teóricos que no son necesariamente ciertos, pero que recogen los rasgos fundamentales del problema que se desea estudiar. La elección racional sería un tipo ideal en este sentido, debido a que si entendemos que lo que realiza un agente es racional, ya es suficiente para explicar su acción. Pero para ello es necesario que identifiquemos cuales son los fines que pretende el agente, y cuáles son los medios que considera válidos para alcanzar tales fines. Esto aparta la sociología comprensiva de las teorías más economicistas de la elección racional, que suponen que tanto los medios como los fines son universales, y que las acciones varían debido a variaciones en el capital.
Anthony Downs fue el pionero en la aplicación de los criterios económicos al comportamiento electoral. Otros autores que impulsaron esta corriente dentro de la ciencia política moderna fueron Mancur Olson, Kenneth Arrow, James M. Buchanan, Raymond Aron, Gordon Tullock y William Ricker. El marxismo analítico, a través de autores como John Roemer o Jon Elster, se ha esforzado por compatibilizar el marxismo con la elección racional.
La teoría de la elección racional comparte una serie de supuestos y aproximaciones del individualismo metodológico como la Teoría de la elección pública.
Según Elster la teoría de la elección racional es una teoría que puede ser vista desde dos ángulos, como una teoría normativa y como una teoría descriptiva.
Como teoría normativa, la teoría de la elección racional nos dice qué es lo que debemos de hacer para lograr ciertas metas lo mejor posible, aun cuando no nos dice cuáles deben de ser esas metas.
Podemos afirmar que esta teoría ofrece imperativos hipotéticos y no categóricos.
Como teoría descriptiva, su misión es la de ayudarnos a predecir ciertas acciones.
La teoría de la elección racional para justificar y explicar una conducta recurre a tres elementos necesarios para garantizar que se dé una situación de elección.
1) Un grupo de cursos de acción factibles que satisfagan ciertas restricciones lógicas, físicas y económicas.
2) Un grupo de creencias racionales sobre la estructura causal de la situación que va a determinar qué cursos de acción nos llevan a qué resultados.
3) Un ordenamiento subjetivo de las alternativas factibles que se derivan del ordenamiento de las consecuencias a las que se quiere llegar.
Actuar racionalmente significa elegir la alternativa con la jerarquía más alta dentro de un grupo de alternativas factibles.
Ahora bien, la situación de elección se divide principalmente en dos dimensiones:
1) Es necesario hacer una distinción entre información perfecta e imperfecta. Las situaciones en donde tenemos una información perfecta acerca de todos los cursos de acción alternativos son muy difíciles de darse, por esta razón son más importantes las situaciones de elección en donde la información es imperfecta. De este hecho se derivan dos situaciones: el riesgo y la incertidumbre.
El riesgo se define como una situación en la que se adscriben a las consecuencias de ciertos cursos de acción ciertas probabilidades numéricas. La incertidumbre es una situación en la que el criterio normativo para tomar una decisión consiste en elegir la opción que maximice la utilidad esperada.
2) Otra distinción importante que merece la pena tomarse en cuenta en una situación propia de elección racional es la que existe entre decisiones paramétricas y decisiones estratégicas.
Una decisión es paramétrica cuando el agente enfrenta restricciones externas que ya están dadas. El agente primero estima las restricciones y luego decide qué hacer.
Por el contrario en una situación estratégica se da una interdependencia entre las decisiones de distintos agentes.
El agente, antes de tomar su decisión, tiene que prever qué es lo que los otros van a hacer, y tiene que prever lo que los otros van a pensar que va a hacer él.

COLOMER, Josep María El arte de la manipulación política, Ed. Anagrama, Madrid, pp. 50-102.
COLOMER, Josep María "Las instituciones del federalismo" en Revista Española de Ciencia Política, nº 1, octubre, 1999.
RIKER, William H. y Peter C. Ordershook "Una teoría del cálculo de votar" en AA.VV. Lecturas de Teoría Política Positiva, Instituto de Estudios Fiscales, Madrid, 1991, pp. 299-338.

La cultura política
Muchos politólogos tienden a disociar la política de la cultura como si se tratara de dos esferas autónomas que, en todo caso, sólo podrían mantener entre sí relaciones de exterioridad.

CULTURA POLÍTICA: Es el conjunto de creencias y valores compartidos, referentes a la vida en sociedad y al rol de las actividades políticas en la conservación y la orientación de la cohesión social; conjunto de actitudes fundamentales que permiten el ajuste mutuo de los comportamientos o la aceptación de actos de autoridad que tienden a imponer ese ajuste.
Desde la segunda mitad de los 80 en América Latina, algunos sectores intelectuales y círculos de opinión empezaron a utilizar ampliamente la noción de "cultura política".  Para algunos investigadores la cultura política tendría que ver con los conocimientos, valores, creencias, sentimientos, predisposiciones y actitudes de los individuos ante la política y los asuntos a ella ligados. Esta visión prioritariamente psicológica de la cultura política se relaciona sobre todo con las disposiciones u orientaciones de los individuos y los grupos hacia los objetos políticos, las cuales son estudiadas y medidas a través de encuestas o escalas de actitud.
Desde otras perspectivas teóricas y metodológicas, historiadores de la cultura, antropólogos y psicólogos sociales han empezado a interesarse en estos años por un conjunto de fenómenos que también tienen que ver con la cultura política: los "imaginarios" y las "mentalidades", las "representaciones sociales" que distintos grupos conforman acerca de la realidad en general, y acerca de la vida política en particular: cómo se perciben mutuamente distintos grupos de la sociedad (los militares, los izquierdistas, los sindicalistas, la clase política, los empresarios, los sectores populares, la burguesía, los jóvenes, los policías, etcétera).
Algunos analistas políticos se refieren en este sentido a la necesidad de conocer los imaginarios y las mentalidades de distintos actores de los conflictos presentes en nuestras sociedades, bien para tenerlos en cuenta en los procesos de negociación, o bien para desde la crítica social estimular transformaciones en las actitudes y valores autoritarios de algunos de estos actores. Las actitudes democráticas o autoritarias estarían relacionadas con la manera como las personas establecen, individual o colectivamente, una posición abierta o una actitud cerrada e intransigente ante el conocimiento humano, ante el problema de la "verdad".
Norbert Lechner ha llamado la atención sobre lo problemático que resulta un manejo tan amplio y diverso del concepto de cultura política, con frecuencia poco operacionalizable en términos metodológicos. Desde su perspectiva, la noción aparece como "una categoría residual que abarca de modo arbitrario, según las conveniencias del caso, una multiplicidad de aspectos dispares. El empleo demasiado extensivo y poco riguroso del término reduce su valor informativo. En realidad, la noción carece de fundamentación teórica y ello dificulta el análisis empírico; por consiguiente resulta difícil especificar su contenido concreto.
Una de las tradiciones más difundidas en el estudio de la cultura política es la de la "cultura cívica" (civic culture) desarrollada en la investigación politológica norteamericana desde los trabajos de Gabriel Almond, G. Bingham Powell y Lucian Pye.
Esta tradición de estudio de la cultura política se gestó en los marcos de la teoría estructural-funcionalista de la modernización y de la transición de sociedades tradicionales a sociedades modernas.
Desde esta escuela, la cultura política es definida como "el patrón de actitudes individuales y de orientación con respecto a la política para los miembros de un sistema político. Es el aspecto subjetivo que subyace en la acción política y le otorga significados.
Tales orientaciones individuales incluyen diversos componentes: a) orientaciones cognitivas, conocimiento preciso -o no- de los objetos políticos y de las creencias; b) orientaciones afectivas, sentimientos de apego, compromisos, rechazos y otros similares respecto de los objetos políticos, y c) orientaciones evaluativas, juicios y opiniones sobre los aspectos políticos que, por lo general, suponen la aplicación de determinados criterios de evaluación a los objetos y acontecimientos políticos"
ALMOND, Gabriel y Sidney VERBA (1970) La cultura cívica, Fundación Foessa, Madrid, pp. 529-563.
INGLEHART, Ronald Modernización y postmodernización Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid.
PUTNAM, Robert, Leonardi, R. y Manetti, R.Y. Making democracy work: Civic Traditions in Modern Italy, Princeton University Press, Princeton, 1993.

Pluralismo
PLURALISMO POLITICO: En su raíz filosófica está la idea de admitir que un mismo problema tiene varias soluciones. En política se lo emplea en dos aspectos: como pluralismo ideológico, implica reconocer la legitimidad y legalidad de la existencia en una misma sociedad de diversas ideologías, es decir, de diversas visiones y planes sobre el sentido de la convivencia y las metas de la acción colectiva; y como pluralismo de intereses implica reconocer, no solo su existencia, sino también la necesidad de una compatibilización transaccional entre ellos en el seno de la sociedad.
La teoría pluralista del estado (o pluralismo político) estipula que en la participación representativa existen varias elites compitiendo por obtener el poder político. Su principal ideólogo es Robert Dahl.
A diferencia de la teoría elitista, el pluralismo reconoce la participación de varios grupos que no necesariamente forman parte de la élite. Las partes que compiten en el pluralismo se caracterizan por la heterogeneidad ideológica y social, independientemente de los recursos económicos que posean.
Según la definición aportada por Philippe Schmitter, el pluralismo puede definirse como un «sistema de representación de intereses en el que las unidades constitutivas están organizadas en un número no especificado de categorías múltiples, voluntarias, competitivas, no jerárquicamente ordenadas y autodeterminadas, que no están especialmente autorizadas, reconocidas, subsidiadas, creadas o de algún modo controladas por el Estado en la selección de dirigentes o la articulación de sus intereses, y que no ejercen un monopolio de la actividad representativa dentro de sus respectivas catergorías.
El pluralismo arranca de la dificultad conceptual en que se encontraron los teóricos del Estado (desde los contractualistas hasta la teoría general del Estado) para armonizar lo “unívoco del orden político y lo “diverso” de sus componentes, de sus ciudadanos. Este dualismo tendrá sus primeras soluciones teóricas en la filosofía pragmática de James, en la concepción de “federalismo” y en el concepto de “cooperativismo”.
En el siglo XX se debió asumir el desarrollo de hecho de las asociaciones (sindicatos, sociedades anónimas, iglesias, etc.) y encontró en Laski uno de sus más notables teóricos al considerar la libertad individual con la pertenencia en asociaciones, así como Dewey que transformó la visión negativa del liberalismo en una visión positiva del Estado (como impulsor de la libertad como “posibilidad”). En décadas más recientes el pluralismo evolucionó con la práctica de los “grupos de presión”, la diversidad de intereses organizados y la tolerancia como mecanismo de regulación del conflicto social. Las visiones más modernas del pluralismo se vinculan con un concepto participativo de la democracia, junto a la descentralización del poder político, como supuestos para garantizar la supervivencia de la armonía entre el orden político global y las especificidades individuales y grupales. En América Latina, por su parte, el pluralismo tiene una connotación contemporánea de “fortalecimiento de la sociedad civil”, que acompaña los procesos de democratización post-autoritarios.
DAHL, Robert, Who Governs? Democracy and Power in an American City, Yale University Press, New Haven, 1961.
SCHMITTER, Philippe "!El corporatismo ha muerto! !Larga vida al corporatismo! en Zona Abierta, n. 67/68, pp. 61-84, 1994.
SMITH, Martin J. (1994) "Pluralismo, pluralismo reformado y neopluralismo. El papel de los grupos de presión en la elaboración de políticas" en Zona Abierta, n. 67/68, 1994.






Nohlen sobre el método comparativo (1)

Publicado 24 agosto 2010
“Instituciones políticas en su contexto. Las virtudes del método comparativo (Buenos Aires: Rubinzal – Culzoni Editores)”
Artículo que se publicó en el Lexikon der Politik en el año 2002.

Nohlen empieza sosteniendo que el método comparativo, de ya larga tradición, es el método propio de las Ciencias Sociales y, sobre todo, el método de la Ciencia Política.
El método comparativo es el procedimiento de comparación sistemática de objetos de estudio que, por lo general, es aplicado para llegar a generalizaciones empíricas y a la comprobación de hipótesis (35).
Si bien esta es la definición general, deben de hacerse precisiones varias precisiones. Lo primero es que la comparación puede entenderse en “sentido amplio” y en “sentido estricto”. En el sentido amplio puede hablarse de (1) un uso cotidiano de la comparación o de (2) basarse en la comparación, pero con vistas a la obtención del conocimiento científico. De ahí que sea esta última la que propiamente deba llamarse “método comparativo”, mientras que la primera puede ser tomada por (¿mera?) “comparación”. Más allá de esta distinción, lo cierto es que Nohlen nos propone cuatro posiciones (o aspectos) para pensar al método comparativo en sentido amplio.
1. La comparación es inherente a todo procedimiento científico. El método científico es comparativo. La ciencia política es Política comparada. Grosser (1973), Lasswell (1968) y Almond (1966) estarían en esta línea. Obviamente el problema de esta tesis radica en que no se distinguen propiamente las diferencias de los diferentes métodos. Si bien es cierto que comparar es algo que suele estar presente en todos ellos, no por eso debemos ser ciegos a las diferencias y sutilizas propias de cada metodología particular.
2. La comparación es el fundamento para la formación de conceptos en la Ciencia Política y, en general, en las Ciencias Sociales. Grosser (1973) también iría por esta línea. Los “tipos” con los que trabaja la Ciencia Política serían la prueba de que la comparación cumple siempre este papel.
3. La comparación hace de criterio para hacer interpretaciones valorativas sobre los hallazgos empíricos. El referente aquí es Hartmann (1980). La idea es pues, comparar la realidad social y empírica con los ideales normativos y axiológicos que tengamos sobre el “buen orden”.
4. La comparación nos  la posibilidad de alcanzar otos fines. La “comparación pedagógica” nos permite conocer lo desconocido por comparación con lo conocido (similitud, analogía, contraste). La “comparación heurística” nos permite resaltar lo especial. La “comparación sistemática” acentúa las diferencias y considera al objeto de estudio como una especificidad (no como una singularidad). Ello permite, y por ello su nombre, sistematizar. Grosser (1973) es el referente aquí también.
Una vez visto esto podemos pasar a pensar qué puede ser la comparación para la Ciencia Política y qué relación guarda con lo no conocido. Y es que, el sentido común suele considerar que solamente lo similar puede compararse con lo similar, so pena de no caer en “mezclar papas con camotes”. Sin embargo, y esto parece una situación aporética al modo de los Diálogos de Platón (tales como el Menón), para poder saber qué algo no es similar o que es incomparable, debemos ya haber hecho una comparación para saber qué es lo comparable y que lo no-comparable.
En todo caso, esas son las cuestiones que nos plantea el sentido amplio de “comparación”. Ahora bien, en lo que respecta al sentido estricto del método comparativo, Nohlen nos dice lo siguiente:
El método comparativo en sentido estricto trata de investigar las relaciones causales e intenta aislar factores que puedan considerarse como causa (variables independientes) de un efecto (variables dependientes), en lo que se conoce como causalidad y que constituye para las ciencias sociales el substituto del experimento (38).
El método comparativo busca, pues, establecer relaciones causales para los fenómenos que busca estudiar, con el fin de poder generar modelos explicativos y, eventualmente, predictivos. Todo ello siempre teniendo en cuenta los límites inherentes a los objetos de estudio propios de las Ciencias Sociales y de la Ciencia Política. Dentro de la metdología comparativa existen dos empleos: el cualitativo y el cuantitativo.
Para empezar a diferenciar estos dos empleos, podemos decir que la comparación cualitativa trabaja con pocos casos, a diferencia de la cuantitativa que puede abordar muchísimos casos. Asimismo, las variables cualitativas no pueden llegar al nivel de estandarización al que llegan las variables cuantitativas. Hay límites en las posibilidades de experimentación, así como límites por el número de casos que se estudian. Pero debemos tener en cuenta que, en última instancia, es el objeto de estudio, con sus propias características, lógicas y estructuras, el que determina el método y el empleo de éste. Creo que aquí puede haber mucha afinidad con la máxima fenomenológica y con el pathos de la fenomenología en general (Cfr., ¿Qué es esto, la fenomenología? (4): el concepto preliminar de “fenomenología”¿Qué es esto, la fenomenología? (5): rasgos de la investigación fenomenológica). La idea es que no todo puede ser estudiado de la misma manera y, en nuestro caso, no todo puede ser comparado de la misma manera.
Nohlen sostiene que fue Lijphart (1971) quien confrontó el método comparativo cualitativo con el experimento, el método estadístico y el estudio de caso. Nohlen no se va a dedicar a hacer esto, sino que se va a concentrar en el empleo cualitativo del método comparativo de la ciencia política.
La situación propia de dicho método es la de pocos casos que poseen una gran cantidad de variables.
Los criterios de investigación seleccionados son casi siempre estructuras muy extensas, tales como una sociedad, un Estado o un sistema político, cuyo número es limitado, su estructura compleja y su selección, por consiguiente, no tan fácil de determinar en caso de que se persigan afirmaciones generales o se traten de confirmar. La discusión metodológica apunta entonces a aclarar la función del método comparativo en el proceso de investigación y la conveniencia científica de sus diferentes formas de aplicación. En ambos casos los comparatistas toman puntos de vista controvertidos (39).
Al investigar, siguiendo este método, se dan múltiples funciones. Nohlen enumera 5:
1. Heurística.
2. Empírico-generalizadora.
3. Generadora de hipótesis.
4. Empírica-cuantificadora.
5. Comprobadora de hipótesis.
Si queremos ser fiel a estas funciones y lograr un trabajo que se precie de tener rigor científico no debemos dejar al “azar” ningún aspecto. Digo esto porque Nohlen resalta, a partir de ya haber mencionado el hecho de que los casos son pocos y complejos, que no pueden escogerse los países al azar. Uno debe tener criterios razonables y serios sobre la elección de casos (aquí Nohlen sigue a Dogan y Pelassy, 1981 y a Geddes, 2003). Y esto por una condición esencial de la investigación de las ciencia sociales:
A diferencia del experimento en las ciencias naturales, a la científica/ el científico social le resulta imposible mantener constantes las condiciones marginales en el ámbito del objeto a investigar. Lo que puede hacer es suponer que las variables no sujetas a estudio se mantienen constantes, aun cuando en realidad varíen con el tiempo, pero siempre y cuando estos cambios y desvíos no rebasen ciertos límites (41).
Debido a esta condición de la Ciencia Social, la selección de casos es importante. Dependiendo del problema y tema a tratar, el número de casos y el tipo de empleo del método comparativo cambiará. Debemos optar, a grandes rasgos, entre más casos y menos elementos cualitativos o a la inversa.
Lo que la hipótesis gana en validez general lo pierde en contenido informativo. Es así que ambos criterios están en una relación tensa que fundamentalmente no hay que resolver, sino que hay que aprovechar correctamente de acuerdo a cada caso, puesto que es constitutiva del método comparativo (41).

Ahora que ya tenemos presentes las cuestiones generales desarrolladas en el post anterior es que podemos pasar a tematizar lo concerniente a la aplicación del método comparativo.
1. Ámbito del objeto: acá puede tratarse de estructuras amplias (sociedades, sistemas políticos, etc.) o de segmentos (partidos, sindicatos, etc).
2. Contexto: es importante prestar atención a si el contexto de las variables a comparar es homogéneo o heterogéneo. No es lo mismo estudiar a los sindicatos de los países industrializados que estudiar todos los sindicatos del mundo.
3. Tiempo: En lo que respecta al tiempo hay varias dimensiones diferentes que pueden tenerse en cuenta.
3.1. La primera es la dimensión diacrónica, la comparación aquí se hace de manera longitudinal  entre diferentes períodos o lapsos de tiempo con un mismo caso o unidad de análisis. El contexto puede llegar a ser relativamente constante. Se pueden considerar aspectos histórico-genéticos, pero suele haber una asmitería de información en el primer lapso de tiempo.
3.2. La segunda dimensión es la sincrónica que compara en un mismo lapso de tiempo a diferentes casos o unidades de análisis. Las variables de los contextos son difíciles de controlar y por eso se recomiendo elegir unidades de análisis que posean un contexto bastante o medianamente homogéneo.
3.3. La tercera manera de comparar es a través de lo que se conoce como comparación diferida en el tiempo. Este tipo de comparación compara diferentes casos situación en diferentes lapsos de tiempo. Se puede tener un número de casos variables, aunque suele hacerse entre dos casos. El contexto puede ser controlado eligiendo casos que tengan un contexto homogéneo, aunque no se hayan dado en el mismo tiempo. Creo que mientras esta manera de comparar no suponga una visión lineal o progresiva donde los países pasan por “fases sucesivas” (marxismo ortodoxo, por ejemplo) puede ser fructífera esta manera de comparar. Hegel consideraba, en su juventud republicana, que la Italia de Maquiavelo era como la Alemania que el vivía a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX.
4. Espacio: sobre los espacios Nohlen distingue cuatro espacios de comparación.
4.1. Estados-Nación, sistemas políticos.
4.2. Intra-estatal, intranacional. Puede hacerse esto a través de niveles políticos, o niveles territoriales que sean medianamente similares.
4.3. Supraestatal: se trata de regiones internacionales, de espacios de integración o de espacios homogéneos.
4.4. Mundial. Un ejemplo sería el análisis marxista del “sistema mundial” se encontraría acá (Wallerstein).
Cruzando las posibilidades del espacio y del tiempo obtenemos el siguiente cuadro (44):
Cuadro 1 – Modos de aplicación de la comparación.
http://erichluna.files.wordpress.com/2010/08/cuadro-1-modos-de-aplicacion-de-la-comparacion.jpg?w=487&h=112
5. Estrategias de investigación. Destacan el “método de concordancia” y el “método de diferencia” (su formulación original proviene de John Stuart Mill, en su obra A System of Logic). El método de concordancia busca similitud en las variables operativas y heterogeneidad en las variables de contexto. El método de la diferencia requiere variables contextuales y variables operativas diferentes.
Hoy en día podríamos decir que el most different system approach corresponde al método de concordancia y el most similar approach corresponde al método de la diferencia. Ambos no son exactamente iguales, pero son herederos de dichos métodos. Schmidt (1995) considera que el most dissimilar cases design nos permite el efecto de las “estructuras básicas” y que el most similar cases design nos permite comprender mejor las tendencias políticas y sociales que son medianamente independientes a las estructuras básicas.
Ahora que hemos visto lo relativo a la concordancia y la diferencia debemos tener presenta que los términos yconceptos que utilicemos jugarán un rol dirimente en los resultados. No hay comparación y conceptos. Por eso es que los conceptos deben de ser claros y transparentes (casi siguiendo la máxima cartesiana de “claridad” y “distinción”, propias del Discurso del método y de las Reglas para la dirección del espíritu). Nohlen sigue a Sartori (1991) en lo que concierne los peligros de la formación y utilización de conceptos a la hora de hacer investigación comparada:
1. Parroquialismo.
2. Clasificación espuria.
3. Gradualismo.
4. Estiramiento conceptual.
El riesgo de hacer un empleo cualitativo del método comparativo, trabajando con muchas variables y pocos casos, puede generar la tentación ilegítima de “extender los conceptos”. Por eso Nohlen vuelve a seguir a Sartori con la idea de evaluar nuestros conceptos a la luz del nivel a abstracción al que pueden llegar, manteniendo niveles significativos de intensidad/ especificidad. La meta es tener conceptos que sirvan para obtener generalizaciones empíricas y comprobables.
Finalmente, para ir concluyendo y sintetizando lo visto, podemos resaltar que el método comparativo puede dar un margen significativo de libertad para que el investigador haga su diseño de investigación. No hay nunca una realidad totalmente homogénea o heterogénea con otra. Está en manos del investigador elegir (¡o decidir!) razonablemente qué estrategia utilizar o qué aspectos tomar en cuenta de los casos que uno debe elegir (es casi una “sabiduría práctica” o “prudencia aristotélica” para el quehacer científico).
Así pues, uno debe reconocer que se encuentra ante fenómenos bastante complejos y que modelos deterministas, unicausales o puramente lineales pueden pecar de ser unilaterales. Patrones de causalidad más compleja pueden ser mucho más útiles, como los de la cibernética política, los de la teoría de sistemas. Para Nohlen sí se trata de explicar y de elaborar teorías explicativas, pero de mediano alcance. Se trata pues, de no ser herederos de Durkheim, sino de Weber.
***
(Véase mi post revisado, y con título cambiado, para complementar estas ideas: Nohlen sobre la “trilogía” del sistema político y los enfoques de investigación)


Metodología del análisis comparado
Introducción a los pasos de la investigación comparada:

La elección del tema de investigación.
Formulación y operacionalización de las teorías
Las estrategias de investigación o cómo comprobar hipótesis
La recogida y el análisis de los datos.
Redacción de reporte (definir tipo)




UNA PROPUESTA PARA HACER ANÁLISIS COMPARADO

Los proyectos de investigación suelen comenzar con una preocupación teórica o normativa referida a una cuestión políticamente relevante pero vagamente definida.

La investigación siempre procede a partir de la selección de una muestra, un número limitado de casos que nos permita acotar el trabajo para hacerlo viable.

DE LAS PREGUNTAS A LAS HIPOTESIS

1. Debemos plantearnos: Por qué en ciertos casos ocurre algo (Y) y en otros no (NO Y) ¿Qué factores explican esta variación?

Es decir: Plantear una pregunta de investigación hipotética

2. Definida la pregunta de investigación es preciso ofrecer una respuesta tentativa. Para el caso de una  investigación científica, la respuesta se convierte en hipótesis.

SELECCIÓN DE CASOS

3. Seleccionar casos paradigmáticos del fenómeno que se desea explicar (resaltar características comunes y diferentes). (Método  de similitud de John Stuart Mill).

4. Seleccionar de los anteriores casos negativos y positivos de acuerdo a nuestras preguntas de investigación.

Recordar que una selección pequeña de casos a analizar facilita la investigación.

CAUSALIDAD MÚLTIPLE Y COYUNTURAL

5. Generar dos o más hipótesis auxiliares a la principal, con estructuras lógicas diferentes.

6. Pensar mecanismos causales más complejos y por ende teorías explicativas más ricas. (Uso de técnicas, estadística, historia, teorías).

ANÁLISIS CAUSAL CONFIGURATIVO

7. Confrontar los postulados preliminares con la verosimilitud de los criterios teóricos y los resultados

8. Determinar consistencia y suficiencia, es decir, si nuestra hipótesis inicial es consistente a través de la investigación, y si los elementos de estudio y análisis han sido suficientes para llegar a conclusiones.

En su caso retroceder pasos para rectificar la información.

9. Simplificando conclusiones


BIBLIOGRAFÍA DE CONSULTA
 BADIE, Bertrand y HERMET, Guy Política comparada, Fondo de Cultura Económica, México, 1993.
GUY PETERS, B. Comparative Politics, New York University Press, New York, 1998.
LICHBACH, Mark I. y ZUCKERMAN, Alan S. Comparative Politics: Rationality, Culture and Structure, Cambridge University Press, Cambridge, 1997.
MANNHEIM, Jarol B. y RICH, Richard C. Análisis político empírico, Alianza, Madrid, 1988.
MORLINO, Leonardo y SARTORI, Giovanni El método comparado en las ciencias sociales, Alianza, Madrid, 1994.
STOKER, Gerry y MARSH, David Teoría y métodos de la Ciencia Política, Alianza, Madrid, 1997.
KING, Gary, KEOHANE, Robert y VERBA, Sidney Designing Social Inquiry: Scientifi Inference in Qualitative Research, Princeton University Press, Princeton, 1994.
ANDUIZA, Eva, CRESPO, Ismael y MENDEZ, Mónica Metodología de la Ciencia Política, CIS, Madrid, 1999

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