El enfoque sistémico
El enfoque sistémico es la aplicación de la teoría general de los sistemas en cualquier disciplina.
En un sentido amplio, la teoría general de los sistemas se presenta como una forma sistemática y científica de aproximación y representación de la realidad y, al mismo tiempo, como una orientación hacia una práctica estimulante para formas de trabajo interdisciplinarias.
En tanto paradigma científico, la teoría general de los sistemas se caracteriza por su perspectiva holística e integradora, en donde lo importante son las Relaciones y los conjuntos que a partir de ellas emergen.
Los objetivos originales de la teoría general de sistemas son las siguientes:
· Impulsar el desarrollo de una terminología general que permita describir las características, funciones y comportamientos sistémicos.
· Desarrollar un conjunto de leyes aplicables a todos estos comportamientos y, por último,
· Promover una formalización (matemática) de estas leyes.
La primera formulación en tal sentido es atribuible al biólogo Ludwing von Bertalanffy en 1936, para él la teoría general de sistema debería constituirse en un mecanismo de integración entre las ciencias naturales y sociales. Esta teoría surge en respuesta al agotamiento e inaplicabilidad de los enfoques analítico – reduccionista y sus principios mecánico – causales.
El principio en que se basa esta teoría es la noción de totalidad orgánica, mientras que el paradigma anterior estaba fundado en una imagen inorgánica del mundo.
Los conceptos propuestos por Bertalanffy pueden ser resumidos en que existen modelos, principios y leyes que pueden ser generalizados a través de varios sistemas, sus componentes y las relaciones entre ellos “.
La integración y la separación representan dos aspectos fundamentalmente diferentes de la misma realidad, en el momento en que se rompe el todo se pierde alguna de sus propiedades vitales.
En las definiciones más corrientes se identifican los sistemas como conjuntos de elementos que guardan estrechas relaciones entre sí, que mantienen al sistema directo o indirectamente unido de modo más o menos estable y cuyo comportamiento global persigue, normalmente, algún tipo de objetivo. Esas definiciones se concentran fuertemente en procesos sistémicos internos; deben necesariamente, ser complementadas con una concepción de sistemas abiertos, en donde queda establecida como condición para la continuidad sistémica el establecimiento de un flujo de relaciones con el ambiente.
· Las perspectivas de sistemas en donde las distinciones conceptuales se concentran en una relación entre el todo (sistema) y sus partes (elementos).
· Las perspectivas de sistemas en donde las distinciones conceptuales se concentran en los procesos de frontera (sistemas / ambiente).
En el primer caso, la cualidad esencial de un sistema está dada por la interdependencia de las partes que lo integran y el orden que subyace a tal interdependencia.
En el segundo, lo central son las corrientes de entradas y salidas mediante las cuales se establece una relación entre el sistema y su ambiente. Ambos Enfoques son ciertamente complementarios.
La teoría general de los sistemas comprende un conjunto de enfoques que difieren de estilo y propósito, entre las cuales se encuentran la teoría de conjuntos (Mesarovic), teoría de las redes (Rapoport), cibernética (Wiener), teoría de la información (Shannon y Weaver), teoría de los autómatas (Turing), teoría de los juegos (von Neumannn), entre otras.
Por eso, la práctica del análisis aplicado de sistemas tiene que aplicar diversos modelos, de acuerdo con la naturaleza del caso y con criterios operacionales, aun cuando algunos conceptos, modelos y principios de la teoría general de sistemas –como el orden jerárquico, la diferenciación progresiva, la retroalimentación, entre otras– son aplicables a grandes rasgos a sistemas materiales, psicológicos y socioculturales.
Las características que pueden ser aplicables a cualquier sistema son:
· La interrelación de sus componentes (relación entre las partes y el todo).
· Los sistemas están ordenados en una jerarquía.
· Las partes de un sistema no son iguales al todo.
· Los límites de los sistemas son artificiales.
· Los sistemas pueden ser abiertos o cerrados – según la influencia con el ambiente.
· Cada sistema tiene entradas, procesos, salidas y ciclos de retroalimentación.
· Las fuerzas dentro de un sistema tienden a ser contrarias entre ellas (feedback) para mantener el equilibrio
· Entropía.
Al buscar una relación entre la teoría organizacional con la teoría de sistemas se proponen los siguientes tipos de sistemas: racional, natural y abierto. Los dos primeros, el racional y el natural tienden a ver la organización como sistemas cerrados, esto es, separados del ambiente, en contraste, el sistema abierto ve a la organización receptiva y dependiente del ambiente, hay una conexión entre los componentes internos y externos.
EASTON, David "Categorías para el análisis sistémico de la política" en Diez
textos básicos de Ciencia Política, Ariel, Barcelona, 1992, pp. 221-230.
El conductismo
Conductismo viene a ser la filosofía de la ciencia de la conducta, ocupada de esclarecer problemas tales como: ¿Es posible tal ciencia? ¿Puede explicar cualquier aspecto del comportamiento humano? ¿Qué métodos puede emplear? ¿Cuán válidas pueden ser sus leyes comparadas con las de otras ciencias "duras"? ¿Generará tecnología? y, ¿Cuál será su papel en los asuntos humanos?
J. R. Kantor define el conductismo como "una renuncia a las doctrinas del alma, la mente y la consciencia", para ocuparse del "estudio de los organismos en interacción con sus ambientes". En términos más amplios, lo considera como equivalente al término "ciencia" dado que se ocupa de la naturaleza a partir del "principio del comportamiento".
Teoría Conductista.
- El conocimiento consiste en una conducta pasiva
- Es una teoría asociacionista, que implica que el conocimiento del ser humano se compone solamente de impresiones e ideas. Ambientalista porque influye considerablemente en el aprendizaje de la persona. Reduccionista porque no reconoce los procesos mentales del pensamiento.
- También tiene su base en las corrientes filosóficas: empirismo, positivismo, pragmatismo y evolucionismo.
- Para el conductismo el aprendizaje es un cambio relativamente permanentemente de la conducta que se logra mediante la práctica y en una interacción reciproca de los individuos y su ambiente.
- El conductismo considera al ser humano como un ser pasivo carente de identidad y de intenciones. Lo compara con una máquina.
El conductismo se basa en explicar la conducta política, fundamentalmente electoral, mediante la búsqueda del algoritmo que permita caracterizar los alineamientos y la conducta del electorado.
Los teóricos del conductismo proponían huir de la interpretación de los hechos políticos a partir de la legislación, las estructuras formales y de las consecuencias de ambas en la realidad, es decir, del institucionalismo clásico. Los cultivadores de los enfoques positivistas abrazaron el método científico de las ciencias sociales y antepusieron el individualismo metodológico como forma de escudriñar la política. Son los individuos y no las estructuras quienes tienen la llave para explicar los acontecimientos. En este tema se tratan las características del conductismo, que se contraponen al institucionalismo clásico.
GURR, Thodor, Why men rebel? Princeton University Press, Princeton, 1970.
MONTERO, José Ramón Montero, "Sobre las preferencias electorales en España: fragmentación y polarización (1977-1993)" en Pilar del Castillo (Ed.) Comportamiento político y electoral, CIS, Madrid, 1994, pp. 51-124, 1994.
SANI, Giacomo Los desplazamientos del electorado: anatomía del cambio" en J. Linz y J.R. Montero Crisis y cambio: electores y partidos en la España de los años ochenta, CEC, Madrid, 1986.
Desarrollo político y condiciones económicas
Definición:
El desarrollo político como fenómeno de estudio puede ser abordado desde distintos puntos de vistas, desde el clásico estudio de Lipset en que discute sobre la necesidad de un desarrollo económico como condición necesaria para cual otro tipo de desarrollo, hasta lo planteado, más recientemente por Bill y Hardgrave que ven el desarrollo político como la transformación continua de las instituciones.
Se pueden distinguir, a lo menos, cinco enfoques para entender el desarrollo político.
I. Modernización política. Los principales exponentes de este enfoque son Almond y Verba, que a través de sus estudios sobre la cultura política llegan a la conclusión que el desarrollo político se logra con una cultura política participativa donde las instituciones deben representar a los intereses ciudadanos. En términos más analíticos el desarrollo político se expresa en distintas etapas, primero la construcción del Estado, luego la ampliación del compromiso y lealtad hacia ese estado, tercer, la ampliación de la participación y, por último, la expansión y la redistribución de recursos.
II. Institucionalización Política: Según Huntington, la institucionalización política es el proceso por el cual adquieren valor y estabilidad las organizaciones y procedimientos políticos de acuerdo a tres pares de criterios: adaptabilidad – rigidez, complejidad- simplicidad, autonomía – subordinación. Las organizaciones y procedimientos políticos que se desarrollen de acuerdo a los primeros términos de los binomios serán instituciones, por lo cual el desarrollo político se produce cuando el proceso político se encamina en la dirección del primer término de cada par.
Es entonces la existencia de instituciones políticas capaces de dar contenido a los intereses públicos lo que distingue a las sociedades políticamente desarrolladas de las subdesarrolladas
III. Construcción de la democracia: Según Pye, una forma de entender el desarrollo político es como un proceso de imitación de las estructuras y procedimientos de las democracias industriales de Occidente.
IV. Cambio (transformación) continua: De acuerdo a Bill y Hardgrave el desarrollo de todo sistema político depende de la relación entre institucionalización política y participación política, al aumentar la participación la capacidad de las instituciones políticas debe incrementarse para lograr dar estabilidad, este proceso de cambio o adaptación continua es el desarrollo político.
V. Modernización más institucionalización política: Para Jaguaribe el desarrollo político como la suma de las dos interpretaciones señaladas, para esto señala que existen tres variables del desarrollo político: a) Eficacia del sistema político como subsistema de social, b) aporte del sistema político al desarrollo social, es decir, la utilización de medios políticos para el desarrollo de la sociedad y c) desarrollo de la receptividad del sistema político a través del desarrollo del consenso político, de mayor representatividad y legitimidad social.
Referencia: Almond, Gabriel. “La cultura política” en “Diez textos básicos de ciencia política” Editorial Ariel, Barcelona 1992. Carnero Arbat, Teresa (compilador). “Modernización, desarrollo político y cambio social”. Alianza editores Madrid 1992.
LIPSET, Seymour M. "Algunos requisitos sociales de la democracia: desarrollo económico y legitimidad política" en Diez textos básicos de ciencia política, Ariel, Barcelona, 1992, pp. 113-150.
MARAVALL, José Mª Los resultados de la democracia, Alianza, Madrid, 13-60 y 105-168. Barcelona, 1995, pp. 77-92.
MOORE, Barrington: Los orígenes sociales de la dictadura y la democracia, Ed Peninsula, Barcelona, 1976.
PRZEWORSKI, Adam y otros "Las condiciones económicas e institucionales de la durabilidad de las democracias", en La Política, nº 2, págs. 89-108.
El neoinstitucionalismo
El neoinstitucionalismo al igual que el institucionalismo le concede una importancia central a las instituciones y estructuras, junto a ello a las reglas, procedimientos, organizaciones y los diferentes componentes que forman un sistema político, los cuales tienen influencia en las relaciones, conductas, comportamiento, estabilidad e inestabilidad de los gobiernos y de la existencia y reproducción del sistema social (March & Olsen, 2005).
La conceptualización de instituciones por parte de Hodgson (2003) permite tener presente la dimensión amplia que estas tienen en la actualidad. Por una parte, determinan o inciden en la articulación de las actividades de las personas y de la sociedad en su conjunto. Por otra parte, a nivel individual tienen una fuerte incidencia al definir lo “apropiado” dentro de un grupo social a través de los signos y significados creados en un marco de referencia social:
Se considera a las instituciones en cuanto en parte imponen forma y coherencia social a la actividad humana mediante la continua producción y reproducción de hábitos de pensamiento y acción. Esto implica la creación y la propagación de modelos conceptuales y signos y significados aprendidos. Se entiende a las instituciones como parte crucial de los procesos cognitivos, por medio de las cuales los agentes perciben los datos sensibles y los hacen significativos. (Hodgson, 2003: 908).
El neo-institucionalismo histórico. La idea subyacente a este enfoque es que las elecciones realizadas cuando se diseña una institución o cuando se inicia una política tendrán una influencia duradera sobre esa política o institución. Las instituciones, se dice, siguen una ‘lógica de la secuencia o de la dependencia’: los pasos dados en un momento dado determinan los pasos futuros.
El neo-institucionalismo normativo
Este enfoque se basa en la centralidad de los valores y las normas (formales e informales) para explicar el comportamiento de las organizaciones y sus actores. En este caso, los actores no actúan conforme a tendencias históricas o a pasos dados en momentos determinados. La ‘lógica de lo apropiado’, lo que se adapta mejor a los valores y lo ‘normal’ en una institución es el motor de la acción y del cambio sobre las instituciones.
El neo-institucionalismo racional
El enfoque de la elección racional también parte básicamente del individualismo metodológico y se nutre de la ciencia económica desde el punto de vista epistemológico. Este enfoque pretende explicar los fenómenos políticos a partir de los intereses individuales que se expresan mediante elecciones racionales. Al igual que el conductismo, el enfoque de la elección racional supone un rechazo del institucionalismo por cuanto que las instituciones constituyen obstáculos para el desarrollo de los actores, salvo en los enfoques de los autores que combinan la elección racional con las instituciones, objeto preferente de este tema. En este enfoque se sigue la ‘lógica de las consecuencia’. Los individuos racionales actúan en función de la maximización de los resultados de sus acciones, es decir, de las consecuencias de sus acciones.
LIJPHART, Arend Sistemas electorales y sistemas de partidos, Centros de Estudios Constitucionales, Madrid, 1995, pp. 41-128.
LINZ, Juan y VALENZUELA, Arturo La crisis del presidencialismo. 1. Perspectivas comparativas, Alianza, Madrid, 1997.
MAINWARING, Scott y SCULLY, Timothy Building democratic institutions. Party Systems in Latin America, Stanford University Press, Stanford, 1995, pp.1-36.
Las teorías de la elección racional
La teoría de la elección racional es un enfoque teórico usado en ciencias políticas que interpreta los fenómenos políticos a partir de supuestos básicos que derivan de principios de la economía: el comportamiento de los individuos en el sistema político es similar al de los agentes en el mercado, siempre tienden a maximizar su utilidad o beneficio y tienden a reducir los costos o riesgos. Los individuos prefieren más de lo bueno y menos de lo que les cause mal. Esta racionalidad tiene que ver con una cierta intuición que lleva a los individuos a optimizar y mejorar sus condiciones.
El actor individual es la unidad de análisis de esta teoría. Se asume que todo individuo se guía por su interés personal, por tanto, todos los individuos son egoístas; y todo individuo tiene la capacidad racional, el tiempo y la independencia emocional necesarias para elegir la mejor línea de conducta, independientemente de la complejidad de la elección que deba tomar. Esto no implica necesariamente que estos supuestos sean ciertos, es decir, que los individuos reales se comporten de esa manera. Pero se supone que podemos explicar el comportamiento observado en un agregado, como un mercado, si suponemos que así es, tal y como defienden Gary S. Becker o Milton Friedman.
Esta corriente también tiene su origen en la sociología comprensiva de Max Weber. Para este autor, el estudio de la sociedad exige la construcción de "tipos ideales", es decir, unos modelos teóricos que no son necesariamente ciertos, pero que recogen los rasgos fundamentales del problema que se desea estudiar. La elección racional sería un tipo ideal en este sentido, debido a que si entendemos que lo que realiza un agente es racional, ya es suficiente para explicar su acción. Pero para ello es necesario que identifiquemos cuales son los fines que pretende el agente, y cuáles son los medios que considera válidos para alcanzar tales fines. Esto aparta la sociología comprensiva de las teorías más economicistas de la elección racional, que suponen que tanto los medios como los fines son universales, y que las acciones varían debido a variaciones en el capital.
Anthony Downs fue el pionero en la aplicación de los criterios económicos al comportamiento electoral. Otros autores que impulsaron esta corriente dentro de la ciencia política moderna fueron Mancur Olson, Kenneth Arrow, James M. Buchanan, Raymond Aron, Gordon Tullock y William Ricker. El marxismo analítico, a través de autores como John Roemer o Jon Elster, se ha esforzado por compatibilizar el marxismo con la elección racional.
La teoría de la elección racional comparte una serie de supuestos y aproximaciones del individualismo metodológico como la Teoría de la elección pública.
Según Elster la teoría de la elección racional es una teoría que puede ser vista desde dos ángulos, como una teoría normativa y como una teoría descriptiva.
Como teoría normativa, la teoría de la elección racional nos dice qué es lo que debemos de hacer para lograr ciertas metas lo mejor posible, aún cuando no nos dice cuáles deben de ser esas metas.
Podemos afirmar que esta teoría ofrece imperativos hipotéticos y no categóricos.
Como teoría descriptiva, su misión es la de ayudarnos a predecir ciertas acciones.
La teoría de la elección racional para justificar y explicar una conducta recurre a tres elementos necesarios para garantizar que se dé una situación de elección.
1) Un grupo de cursos de acción factibles que satisfagan ciertas restricciones lógicas, físicas y económicas.
2) Un grupo de creencias racionales sobre la estructura causal de la situación que va a determinar qué cursos de acción nos llevan a qué resultados.
3) Un ordenamiento subjetivo de las alternativas factibles que se derivan del ordenamiento de las consecuencias a las que se quiere llegar.
Actuar racionalmente significa elegir la alternativa con la jerarquía más alta dentro de un grupo de alternativas factibles.
Ahora bien, la situación de elección se divide principalmente en dos dimensiones:
1) Es necesario hacer una distinción entre información perfecta e imperfecta. Las situaciones en donde tenemos una información perfecta acerca de todos los cursos de acción alternativos son muy difíciles de darse, por esta razón son más importantes las situaciones de elección en donde la información es imperfecta. De este hecho se derivan dos situaciones: el riesgo y la incertidumbre.
El riesgo se define como una situación en la que se adscriben a las consecuencias de ciertos cursos de acción ciertas probabilidades numéricas. La incertidumbre es una situación en la que el criterio normativo para tomar una decisión consiste en elegir la opción que maximice la utilidad esperada.
2) Otra distinción importante que merece la pena tomarse en cuenta en una situación propia de elección racional es la que existe entre decisiones paramétricas y decisiones estratégicas.
Una decisión es paramétrica cuando el agente enfrenta restricciones externas que ya están dadas. El agente primero estima las restricciones y luego decide qué hacer.
Por el contrario en una situación estratégica se da una interdependencia entre las decisiones de distintos agentes.
El agente, antes de tomar su decisión, tiene que prever qué es lo que los otros van a hacer, y tiene que prever lo que los otros van a pensar que va a hacer él.
COLOMER, Josep María El arte de la manipulación política, Ed. Anagrama, Madrid, pp. 50-102.
COLOMER, Josep María "Las instituciones del federalismo" en Revista Española de Ciencia Política, nº 1, octubre, 1999.
RIKER, William H. y Peter C. Ordershook "Una teoría del cálculo de votar" en AA.VV. Lecturas de Teoría Política Positiva, Instituto de Estudios Fiscales, Madrid, 1991, pp. 299-338.
La cultura política
Muchos politólogos tienden a disociar la política de la cultura como si se tratara de dos esferas autónomas que, en todo caso, sólo podrían mantener entre sí relaciones de exterioridad.
CULTURA POLÍTICA: Es el conjunto de creencias y valores compartidos, referentes a la vida en sociedad y al rol de las actividades políticas en la conservación y la orientación de la cohesión social; conjunto de actitudes fundamentales que permiten el ajuste mutuo de los comportamientos o la aceptación de actos de autoridad que tienden a imponer ese ajuste.
Desde la segunda mitad de los 80 en América Latina, algunos sectores intelectuales y círculos de opinión empezaron a utilizar ampliamente la noción de "cultura política". Para algunos investigadores la cultura política tendría que ver con los conocimientos, valores, creencias, sentimientos, predisposiciones y actitudes de los individuos ante la política y los asuntos a ella ligados. Esta visión prioritariamente psicológica de la cultura política se relaciona sobre todo con las disposiciones u orientaciones de los individuos y los grupos hacia los objetos políticos, las cuales son estudiadas y medidas a través de encuestas o escalas de actitud.
Desde otras perspectivas teóricas y metodológicas, historiadores de la cultura, antropólogos y psicólogos sociales han empezado a interesarse en estos años por un conjunto de fenómenos que también tienen que ver con la cultura política: los "imaginarios" y las "mentalidades", las "representaciones sociales" que distintos grupos conforman acerca de la realidad en general, y acerca de la vida política en particular: cómo se perciben mutuamente distintos grupos de la sociedad (los militares, los izquierdistas, los sindicalistas, la clase política, los empresarios, los sectores populares, la burguesía, los jóvenes, los policías, etcétera).
Algunos analistas políticos se refieren en este sentido a la necesidad de conocer los imaginarios y las mentalidades de distintos actores de los conflictos presentes en nuestras sociedades, bien para tenerlos en cuenta en los procesos de negociación, o bien para desde la crítica social estimular transformaciones en las actitudes y valores autoritarios de algunos de estos actores. Las actitudes democráticas o autoritarias estarían relacionadas con la manera como las personas establecen, individual o colectivamente, una posición abierta o una actitud cerrada e intransigente ante el conocimiento humano, ante el problema de la "verdad".
Norbert Lechner ha llamado la atención sobre lo problemático que resulta un manejo tan amplio y diverso del concepto de cultura política, con frecuencia poco operacionalizable en términos metodológicos. Desde su perspectiva, la noción aparece como "una categoría residual que abarca de modo arbitrario, según las conveniencias del caso, una multiplicidad de aspectos dispares. El empleo demasiado extensivo y poco riguroso del término reduce su valor informativo. En realidad, la noción carece de fundamentación teórica y ello dificulta el análisis empírico; por consiguiente resulta difícil especificar su contenido concreto.
Una de las tradiciones más difundidas en el estudio de la cultura política es la de la "cultura cívica" (civic culture) desarrollada en la investigación politológica norteamericana desde los trabajos de Gabriel Almond, G. Bingham Powell y Lucian Pye.
Esta tradición de estudio de la cultura política se gestó en los marcos de la teoría estructural-funcionalista de la modernización y de la transición de sociedades tradicionales a sociedades modernas.
Desde esta escuela, la cultura política es definida como "el patrón de actitudes individuales y de orientación con respecto a la política para los miembros de un sistema político. Es el aspecto subjetivo que subyace en la acción política y le otorga significados.
Tales orientaciones individuales incluyen diversos componentes: a) orientaciones cognitivas, conocimiento preciso -o no- de los objetos políticos y de las creencias; b) orientaciones afectivas, sentimientos de apego, compromisos, rechazos y otros similares respecto de los objetos políticos, y c) orientaciones evaluativas, juicios y opiniones sobre los aspectos políticos que, por lo general, suponen la aplicación de determinados criterios de evaluación a los objetos y acontecimientos políticos"
ALMOND, Gabriel y Sidney VERBA (1970) La cultura cívica, Fundación Foessa, Madrid, pp. 529-563.
INGLEHART, Ronald Modernización y postmodernización Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid.
PUTNAM, Robert, Leonardi, R. y Manetti, R.Y. Making democracy work: Civic Traditions in Modern Italy, Princeton University Press, Princeton, 1993.
Pluralismo
PLURALISMO POLITICO: En su raíz filosófica está la idea de admitir que un mismo problema tiene varias soluciones. En política se lo emplea en dos aspectos: como pluralismo ideológico, implica reconocer la legitimidad y legalidad de la existencia en una misma sociedad de diversas ideologías, es decir, de diversas visiones y planes sobre el sentido de la convivencia y las metas de la acción colectiva; y como pluralismo de intereses implica reconocer, no solo su existencia, sino también la necesidad de una compatibilización transaccional entre ellos en el seno de la sociedad.
La teoría pluralista del estado (o pluralismo político) estipula que en la participación representativa existen varias elites compitiendo por obtener el poder político. Su principal ideólogo es Robert Dahl.
A diferencia de la teoría elitista, el pluralismo reconoce la participación de varios grupos que no necesariamente forman parte de la élite. Las partes que compiten en el pluralismo se caracterizan por la heterogeneidad ideológica y social, independientemente de los recursos económicos que posean.
Según la definición aportada por Philippe Schmitter, el pluralismo puede definirse como un «sistema de representación de intereses en el que las unidades constitutivas están organizadas en un número no especificado de categorías múltiples, voluntarias, competitivas, no jerárquicamente ordenadas y autodeterminadas, que no están especialmente autorizadas, reconocidas, subsidiadas, creadas o de algún modo controladas por el Estado en la selección de dirigentes o la articulación de sus intereses, y que no ejercen un monopolio de la actividad representativa dentro de sus respectivas catergorías.
El pluralismo arranca de la dificultad conceptual en que se encontraron los teóricos del Estado (desde los contractualistas hasta la teoría general del Estado) para armonizar lo “unívoco del orden político y lo “diverso” de sus componentes, de sus ciudadanos. Este dualismo tendrá sus primeras soluciones teóricas en la filosofía pragmática de James, en la concepción de “federalismo” y en el concepto de “cooperativismo”.
En el siglo XX se debió asumir el desarrollo de hecho de las asociaciones (sindicatos, sociedades anónimas, iglesias, etc.) y encontró en Laski uno de sus más notables teóricos al considerar la libertad individual con la pertenencia en asociaciones, así como Dewey que transformó la visión negativa del liberalismo en una visión positiva del Estado (como impulsor de la libertad como “posibilidad”). En décadas más recientes el pluralismo evolucionó con la práctica de los “grupos de presión”, la diversidad de intereses organizados y la tolerancia como mecanismo de regulación del conflicto social. Las visiones más modernas del pluralismo se vinculan con un concepto participativo de la democracia, junto a la descentralización del poder político, como supuestos para garantizar la supervivencia de la armonía entre el orden político global y las especificidades individuales y grupales. En América Latina, por su parte, el pluralismo tiene una connotación contemporánea de “fortalecimiento de la sociedad civil”, que acompaña los procesos de democratización post-autoritarios.
DAHL, Robert, Who Governs? Democracy and Power in an American City, Yale University Press, New Haven, 1961.
SCHMITTER, Philippe "!El corporatismo ha muerto! !Larga vida al corporatismo! en Zona Abierta, n. 67/68, pp. 61-84, 1994.
SMITH, Martin J. (1994) "Pluralismo, pluralismo reformado y neopluralismo. El papel de los grupos de presión en la elaboración de políticas" en Zona Abierta, n. 67/68, 1994.
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